El Retoque
“BÍSNES”
La excepción a la regla infalible sobre los eternos fracasos de equipos profesionales del puerto comandados por el gobierno de Veracruz, parece estar cerca. Los Halcones Rojos están a un duelo de meterse a la serie final por el campeonato de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional, y lo están haciendo de una manera tan contundente que resulta casi imposible creerlo.
El éxito no ha sido solo en la cancha por parte del entrenador Edie Cassiano, el éxito también ha sido la poca intervención de las altas esferas del gobierno estatal, en asuntos que tengan que ver con el ámbito directivo del club.
No dejemos de lado a los Halcones Xalapa, quienes también han sido mandones en este mismo circuito, y cuyo historial de campeonatos es más amplio que el de los escarlatas; aunque también ahí la administración no dependía al 100 % del gobierno estatal, sino de la Universidad Veracruzana, y desde luego del presidente de la Liga, y dueño del equipo capitalino, Juan Manuel González.
La fórmula parece ser tan sencilla como a la vez difícil de elaborar, para aplicarse a otros deportes que también dependen de la lana que nos quitan del bolsillo, y que va a parar en la nómina de los jugadores profesionales: dejen trabajar en paz a los que saben del deporte.
En la medida que los “juniors” sigan jugando a saber de futbol, en el caso de los Tiburones Rojos, poco se avanzará rumbo al éxito. Una directiva astuta en los temas de promotores y movimiento de influencias futboleras, quizá ya le tendría a Daniel Guzmán un tercer refuerzo extranjero, que llegue a darle el último impulso que necesita el equipo. La ignorancia se paga cara.
Un día más para los escualos, un día más para aprender de los errores que se cometieron en la fallida contratación de Efraín Cortés, para no andar negando la incorporación de Domingos Nascimento, y para que se pongan a trabajar desde ya en este “Bísnes”, como no lo han hecho en los dos últimos meses.
APOYO
Los Halcones Rojos no se sintieron solos en el Poliforum “Benito Juárez” de Cancún, pues un grupo de fanáticos viajó con el equipo hasta el Caribe para hacerles compañía, y poner el ambiente en las gradas del recinto, que lució apenas una entrada a la mitad de su capacidad.
Fueron los que más gritaron, los que más impulsaron, los que más contentos salieron de la duela, y dicho sea de paso, son también los que no tienen nada que hacer el día de mañana acá en el puerto, como para pasarse un lunes en Cancún y esperar por el juego que les pudiera dar el pase a la final a los emplumados.
La pasión por un equipo puede dar para eso y mucho más, y en caso de que los halcones cumplan con su cometido, ya me imagino la pachanga que armarán nuestros paisanos.
Uno de esos viajecitos no me caería nada mal, pero en avión; porque nomás de pensar en el viaje en camión, me duelen las rodillas. Eso es amor por la camiseta.
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